A la Consejera de Sanidad de la CAV, Sra. Gotzone Sagardui

Movimiento de Pensionistas de Bizkaia

Nos dirigimos a Usted debido a la preocupación entre las personas de entre 65 y 79 años, entre quienes nos encontramos la mayoría de pensionistas, que vivimos en la Comunidad Autónoma Vasca y que observamos que entre las prioridades de vacunación constituímos un sector marginado, que no sabemos aún cuándo vamos a empezar a ser vacunados de un modo significativo o generalizado. Por este motivo nos dirigimos a través de ésta carta a Usted para que sea reparada con urgencia esta situación.

La reacción de las instituciones europeas, del Estado español y del Gobierno vasco en el combate contra la pandemia de la Covid-19, ha estado acompañada de no pocos errores: tardanza en reconocer su llegada; abandono de una política eficaz de rastreos y utilización de las herramientas informáticas; enfoque preponderante en las restricciones individuales en relación con las actividades productivas y de transporte… Esos errores dejan la vacunación masiva como elemento clave para poner freno a la pandemia y sus consecuencias de contagios, hospitalizaciones y fallecimientos.

El esfuerzo científico para diseñar vacunas eficaces realizadas con una fuerte inyección de dinero público, 8.900 millones de euros (según fuentes de la empresa de análisis de datos científicos Airfinity) no ha ido acompañado de una política adecuada de las instituciones. Se ha permitido a las multinacionales farmacéuticas que lo que debería ser un bien común universal se convierta en fuente de enormes beneficios, al comercializarla a precios abusivos y al mejor postor. La tardanza de la Comisión Europea en formalizar los contratos y los incumplimientos de las farmacéuticas hacen que la política de los gobiernos en la gestión de las vacunas existentes cobre aún más importancia.

El protocolo dejó claro el criterio de la vulnerabilidad como preferente para la prioridad en la vacunación, que se asociaba con la edad y las enfermedades graves, elemento este último precisado tardíamente.

Sin embargo, la escasez general de vacunas, consecuencia de unas prácticas empresariales de las grandes farmacéuticas con el objetivo de obtener un aumento desmedido de los beneficios y de unos gobiernos sometidos a los dictados de esas farmacéuticas y que se niegan a suspender las patentes que la ley permite cuándo media interés general, perdiéndose la posibilidad de poder producirlas con sus propios medios y en cantidad suficiente; así como la decisión del gobierno de administrar la vacuna AstraZeneca a los menores de 65 años ha dejado en tierra de nadie al colectivo comprendido entre 65 y 79 años, entre los que nos encontramos la mayoria de los pensionistas. Y a fecha de hoy todavía no se sabe cuándo empezará su vacunación a pesar de ser uno de los colectivos más vulnerable.

Nos alegra que se inicie la vacunación a los menores de 65, pero esperamos que dicho proceso no sea tan lento como entre los mayores de 80, hay que recordar que, a día de hoy, un 40% de dichas personas no han recibido todavía su primera dosis.

A pesar de la falta de datos de pacientes ingresados en servicios críticos y fallecidos por franjas de edad, el número de personas comprendidas entre 65 y 79 años es muy importante. Por ejemplo, en el hospital de Basurto en los servicios críticos esta semana de un total de 19 pacientes había 14 pacientes de entre 65 y 79 años, 1 paciente de más de 80 años y 4 de menos de 65 años.

El ritmo de vacunación en la CAV es muy lento y no puede explicarse sólo por la escasez de entregas,  sino también por un ritmo muy lento de vacunación que se basa en una política de reservas exageradas, mientras que, según el ex-dirigente de la OMS López Acuña, «hay que inyectar el mayor número de primeras dosis que se pueda y no pasa nada si se tarda un poco más en poner la segunda». Ello da lugar a que el porcentaje de vacunas administradas sea de los más bajos de las comunidades autónomas. También, detrás de ello, está la negativa sistemática de su departamento a aumentar una plantilla de Osakidetza muy insuficiente para hacer frente al reto de la pandemia y al conjunto de las necesidades de salud.

La experiencia internacional y los estudios acreditan la prioridad de vacunar a los grupos más vulnerables ante el virus: «La prioridad siguen siendo las personas mayores» (J. A. Forcada, presidente de la Asociación de Enfermería y Vacunas). Según López Acuña, «la lógica de la estrategia de la vacunación tenía que ver con la lógica de la enfermedad: la tasa de contagios y de letalidad aumenta a medida que se avanza en edad».

Señora Consejera, la administración de la vacunación entre 65 y 79 años es una necesidad, y es urgente. ¿Para cuándo? A la espera de una revisión adecuada de esta situación. Atentamente.

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