¿Dónde está el dinero público?

Sortu

Vivimos tiempos difíciles, tiempos de una gran incertidumbre. Realmente no sabemos en qué situación vamos a estar dentro de dos o tres semanas. Por eso queremos hacer una primera mención a los autónomos, a las personas con pequeños negocios, a las trabajadoras y creadoras del mundo de la cultura, a los que tienen dos o tres trabajos, a las trabajadoras sanitarias y cuidadoras, a los que tienen más dificultades que nunca para llegar a fin de mes. Estamos con vosotras y, como hasta ahora, vamos a dar lo mejor de nosotras mismas para superar cuanto antes esta difícil situación sin que nadie quede al margen.

La situación dejada por la pandemia es muy grave. Somos el tercer país del mundo con más muertos por millón de habitantes. Tenemos una de las mayores tasas de contagios de Europa. Ya nos ha llegado la voz de alarma enviada desde los hospitales. En Ipar Euskal Herria la gente está confinada y en Hego Euskal Herria podemos estar en la misma situación en pocos días.

Existe un interés de culpabilizar a la gente por esta situación. Sin embargo, la principal responsabilidad de haber llegado a este extremo es de los gobiernos que no han hecho sus deberes. Han echado por la borda el esfuerzo que hicimos confinándonos en casa en primavera, sin haber realizado las inversiones públicas necesarias en sanidad, educación y ayudas sociales. Por el contrario, dieron por superado el coronavirus favoreciendo el relajamiento general en beneficio de determinados intereses económicos. La foto de Urkullu y Revilla en la frontera con Cantabria es una imagen de lo mas elocuente.

En marzo reaccionaron tarde y mal. Ahora también actuan así. Si se nos vuelve a exigir un sacrificio como el de primavera, esta vez sí, tiene que ser para hacer los deberes; no podemos llegar a una hipotética tercera ola en esta misma situación.

El objetivo, según manifiestan, es «convivir con el virus» para salvar la economía. Ya sabemos cuál es el resultado de esa operación: ni salud ni economía. Hay que decirlo alto y claro: sin salud no hay economía. Para frenar el virus hay que crear un potente aparato de rastreo y adoptar restricciones a tiempo, ya que retrasar esas medidas implica unas restricciones aún más severas después de que el virus se haya descontrolado.

El incremento de las inversiones públicas en salud debe ir acompañada de un aumento de las ayudas económicas para proteger a los sectores sociales y económicos más vulnerables. Esta crisis no la podemos pagar las de siempre. Y que no digan que no hay dinero, porque lo hay.

Por último, tenemos que prepararnos para lo que viene. Vienen semanas duras. Volvemos a hacer un llamamiento al cuidado mutuo, a la responsabilidad. Por otro lado, también llamamos a la movilización por las inversiones públicas, por las ayudas sociales y, fundamentalmente, por la transformación económica y social y la soberanía.

Es hora de activar ese espíritu comunitario que siempre nos ha caracterizado; un espíritu de solidaridad, de colaboración mutua; un espíritu que antepone los intereses colectivos a los particulares. Ésa es la llave que abre la puerta a la esperanza.

Lehenik herria! ¡Primero la gente!

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