Por un debate riguroso y honesto sobre la energía y el clima

Mikel Otero I Parlamentario de EH Bildu

Arantxa Tapia, consejera responsable de la política energética vasca, escribía esta semana un artículo en el que, pidiendo centrar el debate, huir del ruido y debatir con rigor sobre el complejo ámbito energético, desgranaba su particular visión sobre la polémica del precio de la electricidad, la «renuncia» a la extracción de gas, la evolución de las renovables y los Gases de Efecto Invernadero (GEI), el papel del Ente Vasco de la Energía (EVE) etc.

Siendo estos campos la base de mi preocupación y ocupación política, aprovecho la ocasión para matizar el relato de una consejera que olvida cuestiones fundamentales, además de eludir responsabilidades ante la inquietante situación energético-climática vasca.

No ahondaré en el precio de la electricidad, pero llama la atención que la consejera hable de «tormenta perfecta» para explicar el intolerable precio de la electricidad (consumo alto, baja producción eólica, precio alto del gas y del CO2) y no haga mención a la estructura de fijación de precios -verdadero meollo de la cuestión- que nos hace pagar al precio más alto de casación entre oferta y demanda (la de las centrales de gas de ciclo combinado) toda la electricidad que consumimos, aunque el 80% de la misma provenga de centrales ya amortizadas y/o con costes variables residuales. Mientras, unas pocas empresas juegan con sus centrales para maximizar su escandaloso beneficio. Nada de esto parece llamar la atención de la consejera, a pesar de mostrar su preocupación por los consumidores vulnerables y la competitividad empresarial.

De la misma manera, resulta descorazonador no encontrar menciones explícitas sobre la imperiosa necesidad de contar con un marco soberano para desarrollar una política energética propia, incluido su precio. Elude la consejera, de esta manera, un debate a todas luces político.

Respecto a la situación energética vasca, la consejera esboza un panorama retador en el que lanza tres ideas-fuerza sencillas de suscribir: necesitamos desplegar renovables, debemos ser consecuentes con la decisión de no explorar el gas del subsuelo y debemos centrarnos en el ahorro energético. Hasta ahí bien. Pero al respecto del exiguo despliegue de renovables en la CAPV, la consejera despacha el asunto aludiendo únicamente a la contestación social (o condicionantes socio-políticos), obviando un debate clave sobre el qué, el cómo, el quién, el dónde, a costa de qué… del despliegue renovable. La transición energética en ciernes que, según afirma Tapia acertadamente, «o la hacemos o nos la hacen», deberá resolver con un mínimo de consenso esas preguntas para poder asentar las bases de un nuevo modelo energético, más descentralizado y más democrático.

Mención aparte merecen los parabienes dedicados al EVE. Según la consejera, a pesar de los pesares, el EVE (ergo, el Gobierno Vasco, que marca su línea) ha logrado mejoras estructurales, ser referencia, apoyar a las renovables, reducir los GEIs, reducir la dependencia del petróleo y demás éxitos. Siguiendo su relato, cabría pensar que nuestros datos energético-climáticos serían estupendos. Sin embargo, no lo son. La CAPV tiene una dependencia energética exterior del 92% (UE 55%). El consumo de energía fósil sobre el total ronda el 85%. Nuestra generación renovable ronda el 8% (UE 19%). El mayor consumo de petróleo se dio en 2019. Más del 90% de la electricidad que genera el EVE procede de combustibles fósiles. Nuestra emisión de GEIs (8,4 ton/hab/año) sobrepasa con creces la media europea (7,9). Desde el año de referencia de Kyoto (1990), hemos reducido alrededor de un 10% nuestras emisiones (UE -23%). Es más, en las últimas 3 legislaturas la reducción acumulada de emisiones ha sido un 0,8%, mientras los Acuerdos de París nos obligarían a reducir las emisiones un 7%… ¡AL AÑO!

Poco de lo que presumir en tiempos de emergencia climática. Con los datos en la mano y un poco de honestidad, debemos reconocer que la reducción de los consumos energéticos y, en consecuencia, las reducciones significativas de los GEIs, han venido de la mano de contracciones económicas (nos lo enseñó la crisis 2008-2012 y nos lo va a corroborar la crisis de la covid).

Pero que la crudeza de los datos no empañe un buen relato, señora consejera, donde el EVE (y de paso el gobierno) es responsable de todo avance y siempre hay un(os) agente(s) externo(s) a quien responsabilizar de lo que no funciona; los «condicionantes socio-políticos», las competencias o la escasez de viento. Todo cuenta, claro, pero haremos un relato más verosímil si explicamos que en esta parte del país se hizo una apuesta desmesurada por el gas, por instalar centrales de gas de ciclo combinado (1955 MW instalados frente a 200 MW de eólica + fotovoltaica), por la cogeneración vía gas, por la incineración vía gas, por el gas vía fracking o sin fracking (ahora presentado como «gas disponible al que hemos renunciado», después de pelear hasta el último minuto la Ley estatal del clima para poder seguir adelante).

Por si cupieran dudas, recordaré que el EVE aún posee el 50% de Bahía Bizkaia Gas, el ciclo combinado de Bahía de Bizkaia Electricidad (25%), Nortegas (10%), Zabalgarbi (10%) etc. O que se vendió Eólicas de Euskadi a Iberdrola pero mantuvimos el 100% Hidrocarburos de Euskadi, dedicada en exclusiva a la exploración y explotación de hidrocarburos. Es decir, toda una estrategia de largo recorrido orientada a los combustibles fósiles para venir a decirnos que si no hay renovables es porque nos ponemos estupendos. No cuela.

Tenemos por delante un reto gigantesco en lo que respecta al binomio energía-clima. Y no estamos en buena situación, por mucho que la pintemos de verde. Se impone un giro profundo respecto a las políticas ejercidas durante los últimos decenios. Debatamos rigurosamente, debatamos con honestidad.

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