Atención Primaria, de la agonía al colapso

Jesús Oñate, Edurne Agirre I Trabajadores de Osakidetza, Delegados de LAB

Desde el sindicato LAB llevamos mucho tiempo denunciando no solo los recortes en sanidad, sino también la falta de estructura necesaria para hacer frente a situaciones habituales, propias de la vieja normalidad. El aumento y la estabilidad de la plantilla constituyen los pilares de esa estructura, y el establecimiento de ratios en sanidad sigue siendo una tarea urgente, todavía pendiente. En estos momentos, la llamada «nueva normalidad» ha hecho aflorar todos los déficits estructurales de nuestro sistema público de salud.

Estamos ante lo que es, sin duda, el colapso en la atención primaria. Este colapso no es sino el continuismo acelerado por la pandemia de las políticas que obvian el carácter fundamental de la atención primaria para el mantenimiento de la salud global de la población.

Hemos estado aplaudiendo en las ventanas de nuestras casas ante el pavor que nos producía el desbordamiento en los hospitales. Ahora, ya sin aplausos, asistimos al colapso ya certificado de la atención primaria.

Quienes durante años han estado apostando por un modelo hospitalcentrista, donde la promoción de la salud y la prevención no acaparaban ni grandes titulares, ni fotos rimbombantes, ni grandes inversiones, ahora recurren a una atención primaria en ruinas para realizar los rastreos preventivos y así intentar contener una pandemia que parece engullir todos los recursos que deberían estar aliviando otras dolencias y situaciones no menos importantes.

Nos bombardean con datos de «rastreadoras», más de 150 personas encargadas de tareas preventivas que acorralen al covid-19 e impidan su propagación sin control, una labor fundamental por su carácter preventivo y eficaz. Pero no nos cuentan que el grueso de trabajadores y trabajadoras que conforman los equipos de rastreo, aparte de ser insuficientes, no se nutren por nuevas contrataciones que supondría un refuerzo al sistema sanitario, sino que son las propias trabajadoras de atención primaria quien realizan el rastreo de casos abandonando sus tareas actuales, adelgazando más aún esta estructura y obviando que más allá del covid-19 sigue habiendo vida y esta hay que cuidarla.


Nos bombardean con datos de «rastreadoras» encargadas de tareas preventivas que acorralen al covid-19 e impidan su propagación sin control, una labor fundamental por su carácter preventivo y eficaz. Pero no nos cuentan que el grueso de trabajadores y trabajadoras que conforman los equipos de rastreo, aparte de ser insuficientes, no se nutren por nuevas contrataciones que supondría un refuerzo al sistema sanitario, sino que son las propias trabajadoras de atención primaria quien realizan el rastreo de casos abandonando sus tareas actuales, adelgazando más aún esta estructura y obviando que más allá del covid-19 sigue habiendo vida y esta hay que cuidarla.


Decenas de miles de personas en la CAV están viendo cómo conseguir una cita presencial con su médica de cabecera es tan difícil como ver un centro de salud con una actividad mínimamente normal.

La nueva normalidad nos enseña las ramas que forman los datos hospitalarios, pero no nos deja mirar el bosque sobre el que se apoyan esos centros hospitalarios lleno de maleza por las privatizaciones y la mercantilización de la salud. La atención primaria lleva años a la deriva a pesar de la gran implicación de los y las profesionales que ven como su barco se está hundiendo a pesar de los grandísimos esfuerzos que realizan.

Es sabido, incluso por las más altas autoridades sanitarias, que infinidad de afecciones van a empeorar, otras se van a cronificar y otras muchas simplemente ni siquiera se van a tratar como consecuencia del parón asistencial en lo que debería ser el pilar fundamental de un sistema sanitario eficiente; lejos quedan las expresiones como «puerta de entrada al sistema sanitario» para definir a la atención primaria, ya que hoy en día este titular lo ostentan las urgencias hospitalarias que están viendo un aumento de su actividad debido a la falta de servicio en los centros de salud y la tardanza en el tratamiento de las dolencias de la población.

Nos seguimos preocupando por la situación crítica de las personas que sufren la pandemia y no vemos el impacto gigantesco que está teniendo en la salud de la población el abandono de la atención primaria como quien quema su casa para no pasar frío.

Quienes trabajamos en el sistema sanitario vemos con auténtico temor la situación que se pueda generar este otoño e invierno cuando la gripe y la covid-19 se solapen, y la atención primaria no sea el muro de contención que esperamos y, otra vez, no pueda afrontar la emergencia sanitaria que, sin duda, esto puede suponer. La atención primaria está quedando básicamente relegada a la nada, como si de un consultorio telefónico o un apéndice de los hospitales se tratase.


La atención primaria está quedando básicamente relegada a la nada, como si de un consultorio telefónico o un apéndice de los hospitales se tratase.


Debemos recapacitar y tener muy presente que las políticas de salud, como cualquier otra en la actualidad, son cortoplacistas, dirigidas a la superación del test mediático cada cuatro años. Pero desde LAB tenemos una certeza, y es que con o sin coronavirus, la mercantilización de la salud ha supuesto su debilitamiento y las consecuencias que se derivan de la gestión de la pandemia, van a suponer, a medio plazo y si no le ponemos remedio, la transformación del sistema sanitario en un sistema clasista donde sólo las personas que se lo puedan permitir tendrán garantizado el acceso a una salud de calidad en detrimento de las grandes mayorías de nuestro país.

Sareetara

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