Pensionistas y feministas, contra la precariedad de las vidas, el racismo, el capitalismo y el patriarcado

La habitual concentración del movimiento de pensionistas en Bilbao hoy se ha convertido en una concentración con mujeres del movimiento feminista de la capital que con anterioridad han realizado una acción ante la Oficina de Extranjería para denunciar los muros-fronteras que asesinan a miles de mujeres en sus desplazamientos desde los países del sur hacia lugares más seguros, y que se enfrentan en destino a la Ley de Extranjería.

Hoy la concentración del movimiento pensionista ha sido protagonizada por las mujeres miembros del mismo.

En sus intervenciones apuntaron que en este año de pandemia se ha evidenciado “el problema estructural con el que cargamos las mujeres, especialmente migradas, racializadas y empobrecidas, pues somos el sostén del trabajo de los cuidados”. Consideran que la lucha contra la precariedad de las vidas, el racismo, el capitalismo y el patriarcado “tiene que apostar necesariamente por poner el cuidado de la vida en el centro a través de la redistribución de responsabilidades, la exigencia de servicios públicos de asistencia y a través de la valoración del trabajo que realizamos las internas, las empleadas de hogar las que nos encargamos del cuidado de personas en situación de dependencia, criaturas  o de personas mayores, porque sin cuidados no hay vida”.

Reivindicaciones de las mujeres en la concentración del Movimiento de Pensionistas I Foto: Ecuador Etxea

Según estas mujeres feministas “el sistema reproduce la violencia institucional de tal manera que las mujeres racializadas y migradas somos uno de sus focos principales: tan necesarias para su mantenimiento como explotadas, tan esenciales para la vida como invisibilizadas, y tan fundamentales como infravaloradas”.

Por ello, en el 8 de marzo han denunciado “todas las violencias estructurales que vivimos, las complejidades burocráticas ante las que nos exponemos con la administración pública, la ausencia de un convenio colectivo o las carencias de la Ley de Empleadas de Hogar”, así como “la ausencia del reconocimiento legal de las trabajadoras de cuidados a personas mayores en situación de dependencia, el racismo de las instituciones públicas y de los hogares contratantes, la explotación y abusos sexuales en el ámbito laboral, las limitaciones de privacidad en nuestro puesto de trabajo y la vulneración de nuestros derechos”.

Igualmente han puesto de manifiesto que con la pandemia “pocas veces se nos ha reconocido públicamente como trabajadoras esenciales aún siendo más visible que nunca nuestra imprescindible labor cuidando al conjunto de la sociedad, mejorando las condiciones de vida digna del resto de la población mientras las nuestras caían en picado”. Han reivindicao sus derechos como mujeres racializadas, migrantes, pertenecientes a las minorías étnicas y empobrecidas. “Abrazamos el reto de construir un movimiento feminista que luche contra el racismo estructural, la invisibilización y la preacarización de nuestras vidas. Y no daremos ni un paso atrás hasta que todas seamos libres”.

Por su parte, en Leioa, hoy el movimiento de pensionistas del municipio ha conseguido reunir en una mañana fría a 26 personas alrededor de su pancarta por unas pensiones públicas dignas y una pensión mínima de 1080 euros mensuales  I Foto: leihoa.info
Sareetara

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