Lo que atenta a la convivencia es que todavía se tenga que exhibir fotos o hacer recibimientos

Sortu

Tras la polémica de los ongi etorris la estrategia de la provocación de la España profunda se ha reactivado como todos los veranos con la guerra mediática y judicial a las fotos de los presos. Nada más iniciarse la Aste Nagusia bilbaina, la Ertzaintza procedía a retirar las fotografías de los presos políticos bilbainos de la txozna de Txori Barrote. La actuación policial obedeció a la orden de Alejandro Abascal, juez de guardia en la Audiencia Nacional, bajo el argumento de que mostrar fotos de presos vascos puede ser constitutivo de un delito de “humillación a las víctimas”. Este juez en funciones de guardia, atendió la petición de “Dignidad y Justicia” pese a que varias sentencias de la propia Audiencia nacional ya han considerado que exhibir las fotos de los presos (la más reciente por las fotos de la Korrika en Iruñea) no es delito ni de apología ni de humillación a las victimas sino que puede ser una forma de reivindicar los derechos de los encarcelados o de realizar una crítica política al alejamiento y la dispersión. 

Sin embargo, lo mas preocupante de esta clásica serpiente de verano alentada por los sectores inmovilistas y contrarios a la paz y la convivencia, venía tras las insensatas declaraciones del delegado del Gobierno en Euskadi en entrevista a un diario vizcaíno. Trasladando el odio de campo, insistía en ver odio en los “recibimientos” y liga éstos a un posible “rebrote del terrorismo” a medio plazo. El representante del gobierno en funciones parece querer avanzar futuras nefastas decisiones de su partido. Se vale de los últimos recibimientos y de la insuflada polémica alentada por los medios de comunicación de la derecha o las más vengativas de las asociaciones de victimas contrarias a solución alguna, para apuntalar un relato de parte, amenazar y aventurar una marcha atrás en el cambio de rumbo de la política penitenciaria que aun no se ha iniciado. Pretendiendo situar las posturas inmovilistas y una vuelta al pasado sobre las espaldas de la izquierda abertzale quiere ocultar todas las maniobras contrarias a la “normalización política” alentadas por su partido en el pasado, en el presente y, sin renunciar a su monopolio de la violencia en el futuro, augura escasas políticas de progreso o cambios de calado en la política penitenciaria. 

«Si el trifachito plantea la estrategia de la provocación, en nombre de la convivencia no se puede hacer seguidismo de su agenda y menos aún echar gasolina al fuego con irresponsables reflexiones sobre la vuelta de la violencia de ETA»

Si desde todos los ámbitos se reconoce la imposibilidad de responder a los actos de recibimiento de excarcelados por vía penal ¿por qué se alimenta artificial y mediáticamente la cuestión de la humillación a las victimas sabiendo que no obedece a ello? ¿por qué se insiste en buscar nuevos caminos represivos, prohibitivos y punitivos? ¿por qué se pretende legislar para el pasado y no para el futuro? ¿por qué se amenaza tanto velada como públicamente? Si el trifachito plantea la estrategia de la provocación, en nombre de la convivencia no se puede hacer seguidismo de su agenda y menos aún echar gasolina al fuego con irresponsables reflexiones sobre la vuelta de la violencia de ETA. 

«Lo que verdaderamente atenta a la convivencia es que 8 años después del cese definitivo de la lucha armada, todavía se tengan que exhibir fotos o hacer recibimientos por no haber solucionado las consecuencias (presos) del conflicto»

La izquierda abertzale siempre ha estado implicada en la búsqueda y consolidación de la paz, en la recuperación de la convivencia y en ir a la raíz de los problemas. Lo que atenta contra la convivencia, no son ni las fotos ni los recibimientos de personas que han cumplido o están cumpliendo hasta el último de sus días, y aún más, por retorcimiento de la ley. Lo que verdaderamente atenta a la convivencia es que 8 años después del cese definitivo de la lucha armada, todavía se tengan que exhibir fotos o hacer recibimientos por no haber solucionado las consecuencias (presos) del conflicto. Los que han negado o esquivado la solución integral no pueden ahora ser abanderados de la ética.

 

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