Un Aberri Eguna para superar la vieja idea de patria y construir un país que ponga la vida en el centro, sin dejar a nadie atrás

AHAL DUGU/PODEMOS

 Somos uno de los pueblos más antiguos de Europa. Siempre nos hemos llamado a nosotros mismos Euskal Herria, es decir, «herria», pueblo. Nunca hemos necesitado la palabra «patria» para sentirnos comunidad. La palabra patria es de origen latino; la tierra del padre. Se tuvo que inventar un neologismo, «aberri», para importarla. Nosotras y nosotros seguimos entendiéndonos como nos hemos entendido siempre y la patria sigue siendo «herria», el pueblo, la gente.

En estos momentos de pandemia y de crisis, tenemos la oportunidad de repensarnos, teniendo en cuenta especialmente la idea de defender los cuidados y de poner la vida en el centro, planteada por el ecologismo y el feminismo. Desde esta perspectiva, habría que redefinir la patria quitándole la tradición que arrastra, una tradición paternalista, excluyente y guerrera, y cambiarla por la idea de una comunidad de personas que se protegen y cuidan mutuamente. En esta nueva visión de la patria, o quizá mejor habría que llamarla matria, el patriotismo no consistiría en afirmarse en contraposición a nadie, ni sería más  patriota quien se envuelve en banderas o reivindica fronteras, sino quien más cuida y más se entrega a la comunidad y quien más ayuda a las demás personas.

Desde esa posición de construir País para la gente y con la gente hemos defendido la «aberria», patria, como una comunidad de personas diferentes, que más allá de nuestros orígenes y de nuestra historia, reivindica derechos sociales e igualdad para todos y todas.

Y hoy, para nosotras y nosotras, la celebración del Aberri Eguna, más que nunca, está ligada a la gente, porque en esta situación de crisis del Covid-19 se está mostrando la solidaridad y fraternidad/sororidad de nuestra ciudadanía todos los días en las múltiples muestras de ayuda. Son buen ejemplo las redes de solidaridad vecinal extendidas en cientos de municipios vascos para apoyar a las personas mayores de su barrio y a todo aquel o aquella que lo necesite. Con ellas nos identificamos. Con ellas queremos construir una Euskadi que mira al futuro pudiendo decidir en común.

Hacemos un llamamiento a la gente para que, con tanta fuerza como lo hace todos los días, salga a sus ventanas y balcones aplaudiendo y reivindicando, con un irrintzi que se escuche en todas partes, en honor de quienes hacen posible todos los días esa «aberria», patria, común que entiende que todas las personas, más allá del color, de la religión, del género o de la procedencia, somos ciudadanas y ciudadanos, importantes y necesarios, para seguir construyendo en común.

Gure amaren etxea zainduko dugu!

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