Cubrición de la Avanzada, ahora es el momento

Mari Jose Peleteiro I Concejal de EH Bildu

Ahora es un buen momento para reflexionar sobre nuestras ciudades y pueblos. Los espacios públicos y la accesibilidad para todos no son solo «lugares agradables» y respuesta a la “necesidad de desplazarse”, sino una necesidad de cualquier ciudad y comunidad global para garantizar la resiliencia social, cultural, ambiental y económica.

En solo unas pocas semanas, la pandemia de COVID-19 ha cambiado drásticamente la relación de la mayoría de las personas con las ciudades, vecindarios y calles en las que viven. Si bien todos entendemos que esta interrupción es absolutamente necesaria, es sobrecogedor ver y sentir el silencio de los lugares que de otro modo conocemos y amamos como los corazones bulliciosos de nuestras comunidades. ¡Sin embargo, y es un gran sin embargo!, a pesar de los sentimientos muy naturales de preocupación y tristeza que todas podemos experimentar en estos tiempos de prueba, existen muchas razones para ser optimistas.

No se ha necesitado mucho tiempo para observar cómo se ha ido manifestando una relación diferente a lo habitual, mas humana y compartida entre las y los vecinos. Desde casa, desde nuestras ventanas y balcones, vemos a nuestros vecinos ‘en el mismo bote’, a la altura de los ojos, con nuevas oportunidades para la empatía y la comunicación, desde una sonrisa irónica que reconoce nuestra situación común, hasta ofertas y redes de ayuda y cuidado para quienes conocemos como vulnerables. Estos gestos y propuestas de acciones colectivas son polvo de oro en la formación de comunidades fuertes.

En cuestión de unas pocas semanas, reconocemos lo que realmente importa como personas, como vecinos y como parte de nuestras diversas comunidades: que estamos conectados, que tenemos un impacto mutuo y una responsabilidad unos para con otros. En un momento tan crítico para la sostenibilidad del mundo, es algo bueno para recordar, y no debemos olvidarlo cuando regrese la «normalidad».

También estamos viendo, incluso en unas  pocas semanas,  una notable reconfiguración de los espacios públicos y las vías de comunicación.  En Italia, el estado más afectado de Europa, hemos sido testigos de una reducción en el volumen general de tráfico entre un 65% y en un 70% en viajes en vehículos personales.  En el Estado español, según Ecologistas en Acción, la reducción drástica del tráfico se está traduciendo en una mejora sin precedentes de la calidad del aire, muy por debajo de los límites legales y las recomendaciones de la OMS. Las medidas de restricción de la circulación, derivadas del vigente estado de alarma, han provocado entre los días 14 y 31 de marzo “el desplome del dióxido de nitrógeno en las principales ciudades del Estado”.

Entonces, con el tráfico de vehículos al mínimo y el transporte público funcionando con un servicio reducido, vemos muchas calles con una nueva luz, literalmente libre de coches y su ruido y contaminantes asociados. También ha servido para que se pusiese en marcha una iniciativa dirigida a redimensionar las vías ciclistas en ciudades tan dispares como Bogotá, Ciudad de México y Nueva York; no así en nuestras tierras vascas, donde parece que nadie ha tenido en cuenta aumentar la capacidad de las vías ciclistas para responder a la necesidad de trasladarse manteniendo el distanciamiento social, y promoviendo, en cambio, el uso del vehículo privado.

Desde la calle hasta la vivienda, también recordamos el valor de los balcones y ventanas, sobre todo en los barrios mas populares. En un momento en que las libertades personales y comunitarias están restringidas, estos espacios brindan a las personas la oportunidad de simplemente estar fuera y conectarse parcial o totalmente con sus vecinos y su comunidad más cercana. En Leioa hemos podido disfrutar de los videos de las txistularis y del pianista de Euslak Etxeen Plaza, de la música desde los balcones en las diferentes manifestaciones reivindicativas como el apoyo al personal sanitario, el rechazo a las cuentas en paraísos fiscales de la Monarquía o el del Aberri Eguna.

Hay que reflexionar también sobre la importancia del entorno construido para invitar a diversos grados de socialización, para proporcionar espacios abiertos e íntimos que fomenten la conexión entre las personas, y para garantizar los fundamentos del acceso a la luz solar, el aire fresco y la naturaleza, que son fácilmente ignorados en el desarrollo urbano moderno.

En Leioa el vecindario de Leku Eder ha podido descubrir que se podían abrir las ventanas sin sentirse mal por el ruido de la Avanzada y, aunque fueron los últimos en disfrutarlo,  – dada la realización de las obras del tercer carril de la Avanzada hasta el 6 de abril–, pudieron apreciar el buen descanso nocturno. Ni me lo puedo imaginar: salir a la ventana y no escuchar el estruendo de miles de vehículos por debajo de tus ventanas…

Así esta pandemia global podría tener un lado positivo para el espacio público y la vida en todo el mundo, una en la que los espacios públicos y las calles realmente se consideren como un uso público compartido. El espacio donde se priorice la naturaleza y donde el derecho a respirar aire limpio y sentirse conectado con nuestras comunidades sin ruidos ensordecedores esté en el centro de todo lo que planeemos para el futuro.

Por todo esto es por lo que desde estas líneas queremos que este derecho se convierta en algo habitual también para los y las vecinas de los barrios de Leioa afectados de manera tan grave en su calidad de vida por la Avanzada. Exijamos que cumplan su palabra y procedan ya a la cubrición de la Avanzada. Ahora es el momento.

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